El baño es un ritual cotidiano y vital para las aves.
En charcos, lagunas, bebederos o incluso sobre hojas mojadas, especies muy distintas repiten el mismo gesto: mojar el plumaje, sacudirse, acomodar cada pluma. No es solo placer. El agua limpia parásitos, ordena las plumas y mantiene su capacidad de volar y aislar del frío o el calor.
Zorzales, gorriones, calandrias, jilgueros, palomas y hasta rapaces jóvenes aprovechan cualquier oportunidad. Algunas se sumergen por completo; otras apenas salpican y se sacuden.
Donde hay agua, hay vida… y casi siempre, aves bañándose.